Obama ante la falta de liderazgo mundial
MÁXIMO CAJAL 20/11/2008
Vota Resultado 52 votos
Antes de que lo hiciera el pueblo de Estados Unidos de América, la Comunidad de Naciones ya había votado en su gran mayoría por Obama. Expresaba así la esperanza de un cambio radical en Washington, tanto más apremiante cuanto que coincide con una crisis global sin precedentes. En efecto, no se trata sólo de la economía. Nos enfrentamos, sobre todo, a un vacío político y a una clamorosa falta de liderazgo moral. Y, al constatarlo, todos miramos a Barack Obama dando por supuesto, o deseándolo, que será él quien colme este déficit ético y nos devuelva la confianza perdida.
La retirada de Guantánamo sería la piedra de toque de las intenciones del nuevo presidente
La tarea no es sencilla; muy al contrario. Porque los Estados Unidos de América han perdido la estatura moral que habían alcanzado al término de la II Guerra Mundial en tanto que debeladores de los fascismos y liberadores de los imperialismos coloniales. Para recuperar la credibilidad perdida no basta, desde luego, con que sean ellos mismos quienes reafirmen tan noble condición, como hizo recientemente Brent Scowcroft en su conversación con Zbigniew Brzezinski (America and the world, conversations on the future of American Foreign Policy, David Ignatious, 2008): "sólo nosotros podemos ser la luz que guía". Han de ganárselo a pulso, con hechos y no con palabras, y así tiene que hacerlo el próximo presidente por mucho crédito que le concedamos cuantos apostamos por él sin poder votarlo. El catálogo de asignaturas pendientes es interminable pero, a su inmediato alcance, tiene una piedra de toque de sus verdaderas intenciones: retirarse de Guantánamo. Ya. Cerrar esa cárcel ignominiosa no es suficiente. Es imperativo y urgente que la nueva Administración norteamericana ponga fin a este vergonzoso capítulo del imperialismo que también practicó Estados Unidos, al sur del río Grande sobre todo, siempre claro está en nombre de nobles causas y no por rapacidad, como hicieron las potencias europeas.La Casa Blanca también debería dar, de paso, una explicación a los países aliados de la OTAN cuyas manos ensuciaron con aquellos vuelos semiclandestinos. No deja de ser sorprendente, a este propósito, que el todavía presidente Bush, principal responsable del desaguisado en que nos hallamos sumidos, se permita desairar a su homónimo español, desairándonos también al menos a cuantos le votamos, sin que nadie le recuerde, alto y claro, el uso y el abuso que con tal motivo, y con evidentes complacencias por nuestra parte, se hizo de las disposiciones del Convenio de Cooperación para la Defensa suscrito entre dos países amigos y aliados. ¿Para cuándo la reducción "progresiva" de la presencia militar de Estados Unidos en territorio español, aprobada en referéndum por el pueblo soberano? ¿No convendría recordarlo de tanto en tanto así en Washington como en Evère?
El mundo unipolar que se abrió con la caída de la URSS, dando paso a una sola hiperpotencia, tiene los días contados; como también los tiene ésta y no sólo en el terreno moral, porque la guerra no lo es todo. ¿Acaso los países que integran los hoy tan manidos Grupos-G se contentarán con acudir en bloque a los llamamientos de la Casa Blanca, del FMI o del Banco Mundial y jugar dócilmente el papel que les corresponde en el exclusivo terreno de la economía y de las finanzas? Vamos de cabeza a un nuevo orden multipolar en el que nuevos actores protagonistas ocuparán el espacio que naturalmente les corresponde y que reclaman. Es ahí donde la Unión Europea, salvo que abdique de su Destino, tendrá que desempeñar un papel preponderante. Y, esta vez sí, también como "luz que guía"; como una gran potencia ética en este nuevo concierto internacional. No hay razón alguna, a la vista de lo que ya ha sucedido una vez, que en este terreno Bruselas tenga que ceder el paso a Washington.
Pero para que este nuevo régimen funcione adecuadamente; para que los protagonistas principales de este nuevo sistema multipolar puedan cooperar entre sí, y también competir pacíficamente, es necesario levantarlo sobre un conjunto de reglas de moral universal unánimemente aceptadas. Y estas pautas de conducta no son otras que el respaldo decidido al multilateralismo y a un sistema de Naciones Unidas más fuerte y democrático; el respeto a la legalidad internacional; la observancia irrestricta y universal de los derechos humanos; el cumplimiento, sin discriminaciones, de las resoluciones de un Consejo de Seguridad reformado; la democracia para todos. Todo ello en las antípodas del pensamiento neocon, tan en boga hasta que aparecieron los primeros nubarrones en el horizonte.
Todos estos principios de gobernanza de un nuevo entramado internacional, también es necesario recordarlo ahora, son precisamente los mismos que inspiraban el discurso de investidura del presidente del Gobierno de España, el 15 de abril de 2004, y su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas cinco meses más tarde, cuando propuso al secretario general Kofi Annan el lanzamiento de una Alianza de Civilizaciones. No los ha inventado Obama. Son los mismos, claro está, que recoge el Informe del Grupo de Alto Nivel presentado en Estambul va a hacer ahora dos años. Se explica así que esta iniciativa no fuera del agrado de la Administración Bush.
.
Máximo Cajal es diplomático
jueves, 20 de noviembre de 2008
LLUÍS BASSETS
Sin Moisés, y en el desierto
LLUÍS BASSETS 20/11/2008
Vota
Resultado 11 votos
Dura y larga se aventura la travesía del desierto de los socialistas franceses, después del congreso del pasado fin de semana en Reims, de donde salieron tan divididos o más de como entraron y con tantas incógnitas abiertas sobre su futuro como el 7 de mayo de 2007, al día siguiente de la tercera derrota consecutiva en una elección presidencial. Hoy por la tarde sus más de 180.000 militantes tienen la palabra y pueden dar todavía la sorpresa de ofrecer la mayoría, que debe ser absoluta, a uno de los tres candidatos en liza: la ex candidata presidencial frente a Sarkozy, Ségolène Royal; la ex ministra de Trabajo, madre de la jornada de 35 horas e hija de Jacques Delors, Martine Aubry; y el tercero en discordia, el eurodiputado Benoît Hamon. Lo más probable es que sea necesaria todavía una tercera vuelta entre los dos más votados, circunstancia que todas las apuestas asocian a las dos mujeres candidatas.
Ségolène Royal
A FONDO
Nacimiento:
22-09-1953
Lugar:
(Dakar)
Ver cobertura completa
Francia
A FONDO
Capital:
París.
Gobierno:
República.
Población:
64,057,792 (est. 2008)
Ver cobertura completa
-->
La noticia en otros webs
webs en español
en otros idiomas
Los socialistas franceses salieron del congreso de Reims tan divididos o más que como entraron
Para alcanzar el poder no basta con un impulso súbito, por intenso y oportuno que sea. Hace falta iniciarlo lentamente desde la oposición, en una larga carrerilla que sirva para aclarar las ideas y concentrar las fuerzas. En la Francia presidencial de la V República, hay que contar además con un partido unido detrás, que aspire a convertirse en el partido del presidente. El modelo perfecto de esta ascensión, imitado con éxito por Sarkozy, es el de Mitterrand: siendo ajeno él mismo al socialismo clásico, consiguió primero, a partir de 1971, una síntesis política entre todas las tendencias alrededor de su liderazgo y alcanzó luego la cumbre, en 1980; fue, por cierto, la única vez en toda la historia de la V República en que el PS puso el pie en el Elíseo. Royal lo intentó en 2007 frente a Sarkozy, después de vencer en las primarias socialistas, jugando al relevo generacional y a la democracia directa, a dos pesos pesados, el actual director general del FMI, Dominique Strauss-Khan, y el ex primer ministro Laurent Fabius. Sin el partido detrás, que entonces conducía quien era y pronto dejó de ser su pareja François Hollande; con un programa nebuloso trabajado en la participación digital, pero atento a los reflejos conservadores; y una apuesta arriesgada por su personalidad femenina y su carácter combativo, llegó hasta donde podía llegar ante este Sarkozy demoledor que todavía no se conocía en toda su dimensión arrolladora.Año y medio después de la derrota, las cosas no están mucho mejor para la briosa presidenta de la región de Poitou-Charentes. El PS está tendido y acomodado en la oposición, como bostezante partido provincial, que cuenta con las pingües rentas de una implantación municipal y regional extensa y mayoritaria. Ha sido drenado de dirigentes e intelectuales por la apertura practicada por el presidente Sarkozy, que ha colocado a ex ministros y cuadros socialistas desde el consejo de ministros hasta las comisiones especiales para estudiar las reformas. Sus ideas se hallan cercadas a derecha e izquierda: por un Sarkozy camaleónico, que pasa del thatcherismo al keynesianismo sin respiro, en función de las circunstancias; y por una izquierda radical, alrededor del fenómeno Olivier Besancenot, que muerde el hemisferio izquierdista hasta alcanzar al propio PS. Y también por el centro: François Bayrou, el ex candidato presidencial, de obligado cortejo por quien quiera alcanzar la presidencia desde la izquierda.
La señora Royal, que fue candidata sin tener el partido en la mano, ahora intenta tomar la secretaría general que abandona su ex y padre de sus cuatro hijos para poder aspirar de nuevo a la presidencia en 2012. Su primer movimiento fue bueno: consiguió llegar al congreso socialista el pasado fin de semana con su moción en cabeza. Pero ni era de síntesis ni ella fue capaz de la síntesis. Su candidatura arrastra a una mayoría, no se sabe si suficiente, de militantes, pero no federal; al contrario, divide y excita: TSF, todo salvo Ségolène, es la consigna. Había otras tres: las de Aubry y Hamon, y la del alcalde de París, Bertrand Delanoë, que luego se retiró desalentado. Los delegados socialistas al Congreso no fueron capaces de elegir a quien les dirigiera. Hoy o quizás mañana zanjarán los militantes. Pero si gana Royal tendrá que enfrentarse todavía con una dirección del partido de la que sólo controla un tercio de votos y trabajársela para alcanzar la candidatura presidencial en 2012: ardua tarea, quizás imposible.
Todas estas tribulaciones llegan además en pésimo momento. Sarkozy quería hacer en Francia, 20 años después, la revolución conservadora de la señora Thatcher y ahora se adapta al keynesianismo que nos invade. El PS nunca realizó la transformación que hicieron sus partidos hermanos en el resto de Europa, acorde con el mercado y la globalización. Hace unos meses, con la Declaración de Principios adoptada por unanimidad el pasado junio, enfiló por primera vez este camino. Pero ha llegado el cambio de ciclo y los socialistas franceses están todavía meditando en el ciclo anterior. En el desierto y sin Moisés, pueden terminar como una tribu perdida de la izquierda
Sin Moisés, y en el desierto
LLUÍS BASSETS 20/11/2008
Vota
Resultado 11 votos
Dura y larga se aventura la travesía del desierto de los socialistas franceses, después del congreso del pasado fin de semana en Reims, de donde salieron tan divididos o más de como entraron y con tantas incógnitas abiertas sobre su futuro como el 7 de mayo de 2007, al día siguiente de la tercera derrota consecutiva en una elección presidencial. Hoy por la tarde sus más de 180.000 militantes tienen la palabra y pueden dar todavía la sorpresa de ofrecer la mayoría, que debe ser absoluta, a uno de los tres candidatos en liza: la ex candidata presidencial frente a Sarkozy, Ségolène Royal; la ex ministra de Trabajo, madre de la jornada de 35 horas e hija de Jacques Delors, Martine Aubry; y el tercero en discordia, el eurodiputado Benoît Hamon. Lo más probable es que sea necesaria todavía una tercera vuelta entre los dos más votados, circunstancia que todas las apuestas asocian a las dos mujeres candidatas.
Ségolène Royal
A FONDO
Nacimiento:
22-09-1953
Lugar:
(Dakar)
Ver cobertura completa
Francia
A FONDO
Capital:
París.
Gobierno:
República.
Población:
64,057,792 (est. 2008)
Ver cobertura completa
-->
La noticia en otros webs
webs en español
en otros idiomas
Los socialistas franceses salieron del congreso de Reims tan divididos o más que como entraron
Para alcanzar el poder no basta con un impulso súbito, por intenso y oportuno que sea. Hace falta iniciarlo lentamente desde la oposición, en una larga carrerilla que sirva para aclarar las ideas y concentrar las fuerzas. En la Francia presidencial de la V República, hay que contar además con un partido unido detrás, que aspire a convertirse en el partido del presidente. El modelo perfecto de esta ascensión, imitado con éxito por Sarkozy, es el de Mitterrand: siendo ajeno él mismo al socialismo clásico, consiguió primero, a partir de 1971, una síntesis política entre todas las tendencias alrededor de su liderazgo y alcanzó luego la cumbre, en 1980; fue, por cierto, la única vez en toda la historia de la V República en que el PS puso el pie en el Elíseo. Royal lo intentó en 2007 frente a Sarkozy, después de vencer en las primarias socialistas, jugando al relevo generacional y a la democracia directa, a dos pesos pesados, el actual director general del FMI, Dominique Strauss-Khan, y el ex primer ministro Laurent Fabius. Sin el partido detrás, que entonces conducía quien era y pronto dejó de ser su pareja François Hollande; con un programa nebuloso trabajado en la participación digital, pero atento a los reflejos conservadores; y una apuesta arriesgada por su personalidad femenina y su carácter combativo, llegó hasta donde podía llegar ante este Sarkozy demoledor que todavía no se conocía en toda su dimensión arrolladora.Año y medio después de la derrota, las cosas no están mucho mejor para la briosa presidenta de la región de Poitou-Charentes. El PS está tendido y acomodado en la oposición, como bostezante partido provincial, que cuenta con las pingües rentas de una implantación municipal y regional extensa y mayoritaria. Ha sido drenado de dirigentes e intelectuales por la apertura practicada por el presidente Sarkozy, que ha colocado a ex ministros y cuadros socialistas desde el consejo de ministros hasta las comisiones especiales para estudiar las reformas. Sus ideas se hallan cercadas a derecha e izquierda: por un Sarkozy camaleónico, que pasa del thatcherismo al keynesianismo sin respiro, en función de las circunstancias; y por una izquierda radical, alrededor del fenómeno Olivier Besancenot, que muerde el hemisferio izquierdista hasta alcanzar al propio PS. Y también por el centro: François Bayrou, el ex candidato presidencial, de obligado cortejo por quien quiera alcanzar la presidencia desde la izquierda.
La señora Royal, que fue candidata sin tener el partido en la mano, ahora intenta tomar la secretaría general que abandona su ex y padre de sus cuatro hijos para poder aspirar de nuevo a la presidencia en 2012. Su primer movimiento fue bueno: consiguió llegar al congreso socialista el pasado fin de semana con su moción en cabeza. Pero ni era de síntesis ni ella fue capaz de la síntesis. Su candidatura arrastra a una mayoría, no se sabe si suficiente, de militantes, pero no federal; al contrario, divide y excita: TSF, todo salvo Ségolène, es la consigna. Había otras tres: las de Aubry y Hamon, y la del alcalde de París, Bertrand Delanoë, que luego se retiró desalentado. Los delegados socialistas al Congreso no fueron capaces de elegir a quien les dirigiera. Hoy o quizás mañana zanjarán los militantes. Pero si gana Royal tendrá que enfrentarse todavía con una dirección del partido de la que sólo controla un tercio de votos y trabajársela para alcanzar la candidatura presidencial en 2012: ardua tarea, quizás imposible.
Todas estas tribulaciones llegan además en pésimo momento. Sarkozy quería hacer en Francia, 20 años después, la revolución conservadora de la señora Thatcher y ahora se adapta al keynesianismo que nos invade. El PS nunca realizó la transformación que hicieron sus partidos hermanos en el resto de Europa, acorde con el mercado y la globalización. Hace unos meses, con la Declaración de Principios adoptada por unanimidad el pasado junio, enfiló por primera vez este camino. Pero ha llegado el cambio de ciclo y los socialistas franceses están todavía meditando en el ciclo anterior. En el desierto y sin Moisés, pueden terminar como una tribu perdida de la izquierda
Dictadura 76-83: efectos de lectura
por Ana María Shua
En el año 1969 ingresé a la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires. En el año 1969 cumplí dieciocho años. En el año 1969 se publicó, con arrasador éxito de público y concomitante desconfianza de la crítica, la novela Boquitas pintadas de Manuel Puig. En el año 69 la organización guerrillera Montoneros apareció por primera vez en los diarios con el secuestro de Aramburu. En el año 69 se produjo un violento levantamiento popular en las calles de Córdoba, violentamente reprimido por el gobierno militar: el Cordobazo. En el año 69 se inauguró una nueva etapa en la historia de nuestro país.No es posible escribir sobre el efecto devastador de la dictadura militar en todos los órdenes sin una referencia a los años de violencia que la precedieron. La acción de las organizaciones guerrilleras fue combatida por medios legales e ilegales. Bandas paramilitares actuaron contra la guerrilla pero también contra cualquier sospechoso de alentar ideas subversivas. Dentro del movimiento peronista, la izquierda y la derecha lucharon entre sí, matando militantes de ambos bandos. En 1972 la masacre de un grupo de presos políticos en la cárcel de Trelew por parte de las fuerzas de seguridad inauguró un nuevo estilo de represión: el asesinato masivo. En 1973, después de siete años de dictadura militar, volvimos a tener un gobierno civil. En ese año Perón asumió la Presidencia de la Nación, con su esposa Isabel como vicepresidenta. En el 74, a partir de la muerte del presidente, el gobierno quedó en manos de Isabel Perón, que gobernó con grave ineptitud, apoyada por el brujo José López Rega, en una situación de caos y violencia.Cuando en 1976 asumió la Junta Militar, el desgobierno de Isabelita había llegado a un grado intolerable. Así, la dictadura más feroz y sanguinaria de la historia del país entraba en escena con la aprobación de la mayor parte de la población civil. Desde la izquierda se alababan las ventajas de que diera la cara el verdadero enemigo, en lugar de escudarse detrás de una fachada democrática. Desde la derecha, se esperaba que el Proceso de Reorganización Nacional (como se llamó a sí misma la dictadura) así lo fuera. Para el grueso de la población, cualquier cambio despertaba esperanzas.Antes todavía, a fines de 1974, durante el gobierno constitucional de Isabel Perón y como prefacio a la indiscriminada represión que se iniciaría poco más de un año después, la Municipalidad de Buenos Aires prohibió cuatro libros de jóvenes autores nacionales. Eran La boca de la ballena de Hector Lastra, Territorios, de Marcelo Pichón Riviere, The Buenos Aires affair de Manuel Puig y Sólo ángeles de Enrique Medina.En marzo de 1976 asumió el general Videla la presidencia del país, como representante de la Junta Militar. El proyecto cultural de la dictadura fue el más claro y eficaz que se haya conocido jamás en la Argentina. Durante siete años se abocó a la sistemática destrucción de la cultura nacional. Además del terror que provocó la masacre represiva, con su correlato de autocensura, se actuó de modo particular en cada uno de los sectores del campo cultural.Las muertes y desapariciones provocaron el efecto deseado: el terror amordazó a la cultura, ahorrándole al gobierno muchas tareas específicas. De acuerdo con las estadísticas, un 70 % de las víctimas tenía menos de 35 años. Los poetas Miguel Angel Bustos, Roberto Santoro, Francisco Urondo, los narradores Haroldo Conti y Rodolfo Walsh fueron muertos o desaparecidos. Entre muchos otros, los escritores Antonio Di Benedetto y Daniel Moyano sufrieron arbitrarias detenciones.Muchos argentinos optaron por el exilio, entre ellos los escritores Antonio di Benedetto, Luisa Valenzuela, Héctor Tizón, Diana Raznovich, Daniel Moyano, Juan Gelman, Mempo Giardinelli, Ramón Plaza, Rodolfo Rabanal, Ana Basualdo,Juan Carlos Martini, Osvaldo Soriano, Silvia Molloy, Juan José Saer, Mario Trejo, Luisa Futoransky, Germán García, Tununa Mercado, Manuel Puig, Noé Jitrik, David Viñas, etc.Además de las prohibiciones directas de libros argentinos y extranjeros, se realizaron decomisos y quemas de libros, se labraron actas en librerías, se detuvo a dueños y vendedores, hubo allanamientos, clausuras y amenazas en editoriales, diarios y revistas, encarcelamiento o secuestro de sus responsables.No hay que dejarse engañar por ciertas prohibiciones aparentemente disparatadas o risibles: la censura actuó en forma eficiente y económica, como lo señaló el poeta y periodista Jorge Aulicino:"La censura fue un correlato de la guerra sucia. Fundada, desde luego, en una visión del mundo, no se equivocó al medir con excesiva puntillosidad la obscenidad de un texto o su poder disolvente. No importaba equivocarse con una obra o dos. Lo importante era convertir el hecho de escribir, pintar o filmar en un terreno peligroso. La censura fue también terrorismo de Estado. Se fundó en reglas tan paranoicas como las que regían para la represión ilegal. Prohibir las obras significaba una advertencia. La censura 'tiró al bulto' y por eso no se equivocó. Por eso no necesitó prohibirlo todo. El 'enemigo', que se suponía grande e incierto, recibiría los avisos. Y así fue. Obras completas de autores que no habían sido rozados por las prohibiciones bajaron de los estantes. Era mejor prevenir que dudar."Para expresarlo en palabras de Enrique Medina, uno de los autores argentinos más prohibidos: "En esos años los camiones del Ejército se paraban frente a las librerías y se llevaban centenares de volúmenes. Luego hacían verdaderos aquelarres quemándolos. Tenía razón Walt Whitman: el que toca a un libro toca a un hombre. Aquí, realmente, estaban quemándonos vivos".Es interesante consignar algunos de los considerandos que acompañaron a las prohibiciones. Un libro infantil de Elsa Borneman, Un elefante ocupa mucho espacio, fue prohibido porque contenía "...una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparativa a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo". Otro texto para niños, "La torre de cubos", de Laura Devetach, es acusado de "simbología confusa, cuestionamientos ideológicos y sociales, ilimitada fantasía" [sic]. En la provincia de Santa Fe se prohibe La tía Julia y el escribidor, de Vargas Llosa: "La obra revela en su contenido, distorsiones, intenciones maliciosas y ofensas reiteradas a la familia, religión, fuerzas armadas, y principios éticos y morales que sustentan las estructuras esprirituales e institucionales de la sociedad latinoamericana".El ministro de Educación, Dr. Llerena Amadeo, justificó así la prohibición de Neruda en todas las escuelas del país: "Todos conocen la ideología del autor, y sin desmerecer el valor literario de la obra, conviene que quienes la lean posean el criterio suficiente para discernir una cosa de la otra".Mucha gente, para protegerse, quemaba sus propias bibliotecas, o al menos los libros que suponía peligrosos. Mi marido y yo revisamos los estantes con desaliento y decidimos empezar por un libro de Vo Nguyen Giap sobre la guerra de Vietnam. En las novelas, los personajes arrojan los libros de los que quieren deshacerse a la chimenea y en un instante son devorados por las llamas. Nuestro departamento de tres ambientes no tenía chimenea y ya no existían los incineradores. Pusimos el libro abierto en la pileta de la cocina y acercamos inútilmente un fósforo al borde de las páginas. Como un árbol vivo, lleno de savia, el libro se resistía a encenderse. Se quemaba parte de una hoja y el fuego se apagaba. Finalmente prendió, echando un humo espeso. Tosíamos. Volaban residuos carbonizados. El lomo nunca alcanzó a quemarse bien del todo. El esfuerzo nos hizo reflexionar. No valía la pena quemar libros. Si entraban a buscarnos, no necesitaban grandes excusas, tener una biblioteca era ya lo bastante sospechoso. Se trataba de quemarlos todos o ninguno. Así sobrevivieron muchos libros, entre ellos mi Manifiesto comunista, que tanto trabajo me había dado conseguir durante la dictadura anterior, y otros que había comprado en Cuba en 1974, adonde viajé con mi familia para una exposición de la industria argentina en La Habana.Mis abuelos maternos llegaron de Polonia a la Argentina en los años 20. Tuvieron dos hijas, cada una de las cuales tuvo dos hijas. Entre 1976 y 1977 las cuatro nietas, las cuatro primas nos embarcamos nuevamente para el otro lado. Mis primas y mi hermana, que estaban más apuradas, eligieron navíos que surcaban el aire. Yo me fui a Francia en un barco, en el Eugenio C. Y soy la única que volvió al país.En cualquier lugar donde permanezca más de dos días empieza a crecer a mi alrededor, casi como si brotara de mi propio cuerpo, esa vegetación densa que me acompaña a todas partes y se reproduce de modo preocupante: un retoño más de mi biblioteca. En París podría haber elegido internarme en aquella literatura que en mi país se prohibía y sin embargo elegí, azarosamente, clásicos franceses de distintas épocas: Manon Lescaut de Prévost, las Memorias de Casanova, libros de Raymond Queneau... Otros argentinos profundizaban sus conocimientos de literatura mexicana, expañola, sueca...Nunca fui militante política y mi exilio duró poco. Al volver, en 1977, encontré las librerías muy cambiadas. La literatura argentina había perdido los canales de comunicación con sus lectores, que nunca volvieron a restablecerse. Sospechosa, acorralada, se había refugiado en el estante del fondo.
El best-seller internacional acaparaba las mesas de novedades, anticipando una tendencia que iba a definir el mercado editorial en los años siguientes. Como en el resto de nuestra Argentina, el neoliberalismo completó lo que había iniciado la dictadura.Los lectores de buena literatura seguimos leyendo. Las prohibiciones poco pueden contra nosotros. Ahora sabemos que Bradbury estaba equivocado: el marketing destruye más que el fuego.
Pero nosotros somos inmunes, incluso, a las listas de best-sellers: también allí sabemos descubrir, sin confundirnos, los libros que nos interesan. Nos reconocemos, nos gustamos. Intercambiamos señas. Nos prestamos libros que juramos jamás prestar. Intentamos seducir jóvenes para incorporarlos a nuestra secta. Como cualquier adicto, tenemos necesidad de hablar sobre nuestra adicción y compartirla. El que lee no escucha, no ve, no está, no le importa. Se incorpora al torrente de las letras, se deja llevar sin hundirse, feliz de participar en la corriente del más humano de los ríos, ese conjunto limitado de signos capaz de contener todos los universos posibles: el infinito, incorpóreo acontecer de la palabra escrita.
Lista de libros prohibidos durante la dictadura
Autores extranjeros
Lógica formal y lógica dialéctica, de Henri Lefevbre,
La tía Julia y el escribidor, de Mario Vargas Llosa
La muerte de la familia, de David Cooper,
Desde el jardín, de Jerzy Kosinsky
Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano,
Pantaleón y las visitadoras, de Mario Vargas Llosa.
Gracias por el fuego, de Mario Benedetti
Choripzus, de Rómulo Macció
Gramsci y la revolución de Occidente, de M. A. Macchiochi
Sociología de la explotación, de Pablo González Casaonva
El poder negro, de Stokeley Charmichael
El Mayo francés o el comunismo utópico, de Alain Touraine
El camino del hombre, de Julio César Urien
Los peores enemigos de nuestros pueblos, de Juan Beyer
Cuentos para chicos traviesos, de Jacques Prevert
España, el destape, de Ted Córdova Claure
El nacimiento, los niños y el amor, de Agnes Rosratischl
Introducción a la sociología, de Duilio Biancucci
Juegos a la hora de la siesta, de Roma Mahieu
Las edades Media y Contemporánea, de Juan Bustinza
La educación como práctica de la libertad, de Paulo Freire
Pedagogía del oprimido, de Paulo Freire
Acción cultural para la libertad, de Paulo Freire
Las iglesias, la educación y el proceso de liberación, de Paulo Freire
Concentización, teoría y práctica de la liberación, de Paulo Freire
El país de Minotauro, de Mariano Castex
Humanismo socialista, compilado por Erich Fromm
América Latina - Estudios y perspectivas, autores varios
Tradición, revuelta y conciencia de clase, de E. Thompson
Sexualidad y autoritarismo, de Frank Hinkelammert
Memorias de una cantante alemana, de Whilhelmine Schaoeder
La historia presente, Centro Editor de América Latina
Las noches del paraíso, de Dominique Marion
Venus en la India, de Charles Devereaux
Los problemas sexuales y sus soluciones, de S. Jacobson
Veneno en las ondas, de Irivin Shaw
Flash en Roma, de Daib Flash
El marxismo y la historia, de Pierre Philips Reym
América Latina, nacionalismo, democracia y revolución, de V.Chertjin
Dossier Wallon Piaget, de Claude Gianet
La ideología alemana, de Marx y Engels
La acumulación de los países capitalistas subdesarrollados, de C. Benetti
Isadora emprende el vuelo, de Erica Jong
Almanaque Mundial 1979Universitas-Gran Enciclopedia del saberCuba, nuestra América, y los Estados Unidos, de José Martí.
Marcuse polémico, de Erich Fromm
Dios y el Estado y la Libertad, de Bakunin
La madre, de Máximo Gorki
La Sagrada Familia, de Karl Marx
Adúlteros felices, de Ellen Roddick
Un marido,¿para qué?, de Norma Klein
Un médico en la noche, de Jacques y Francois Gall
Destinos, de Peter y Denne Bart
Enciclopedia Salvat-DiccionarioEl Uruguay, la política internacional del Río de la Plata, de Eduardo V. Haddo
1001 sueños eróticos, de Graham Green
Los romanos, de R. H. Barrou
Diagnóstico de nuestro tiempo, de Karl Mannheim
Viajando con los Rolling Stones, de Robert Greenfield
Sobre la teoría de la planificación socialista, de J. G. ZielinskyAutores nacionales
Nuestros muchachos, de Alvaro Yunque
Para hacer el amor en los parques, de Nicolás Casullo
Guía de pecadores, de Eduardo Gudiño Kieffer
Buenas noches, profesor, de Alina Diaconú
Don Abdel Zalim, de Jorge AsísT
res autores prohibidos, de Jaime Rest
Persona, de Nira Etchenique
The Buenos Aires affair, de Manuel Puig
Territorios, de Marcelo Pichón Riviere
Los reos, de Federico Moreyra
Memorial de los infiernos, de Julio Ardiles Gray
El homosexual y su liberación, de Gustavo Weinberg
La sartén por el mango, de Javier Portales
Olimpo, de Blas Matamoro
Estudio sobre los orígenes del peronismo,de J. C. Portantiero
Ganarse la muerte, de Griselda Gambaro
Mascaró, el cazador americano, de Haroldo Conti
Reflexiones sobre el terrorismo, de Fernando Nadra
Un elefante ocupa mucho espacio, de Isabel Borneman
Niños de hoy, de Alvaro Yunque
Cuentos premiados concurso Premio Marechal
El fracaso y el desinterés escolar en la escuela primaria, de Liliana Lurcat
Poesía política y combativa argentina, de Andrés Sorel
La torre de cubos, de Laura Devetach
El amor sigue siendo niño, de Alvaro Yunque
Dios es fiel, de Betariz Casiello
El frasquito, de Luis Gusmán
Féiguele, de Cecilia Absatz
Cómo levantar minas, de Oberdán RocamoraRubita, de Javier Torre
Visita, francesa y completo, de Eduardo Perrone
Perros de la noche, de Enrique Medina
El Duke, de Enrique Medina
La vida es un tango, de Copi
La vida entera, de Juan Carlos MartiniMacoco, de Juan Carlos Martini
Argentina 1975-1975, de Sergio Bagú
De Sarmiento a Cortázar, de David Viñas
De la economía social justicialista al régimen liberal, de A. Cafiero Neocapitalismo y comunicación de masas, de Heriberto Muraro
La dominación imperialista en Argentina, de Carlos M. Vila
Montoneros y caudillos en la historia argentina,
de García Mellid
Bases históricas de la doctrina nacional, de Astesano
Santa Cruz, realidad y futuro, de Horacio Lafuente
Metal del diablo,
El Presidente Colgado, de Augusto Céspedes
Los derechos constitucionales del trabajador, de Daniel Rudi
La misión Ponsonby, de Luis Alberto Herrera
La boca de la ballena, de Héctor Lastra
http://www.ciudaddearena.org/index.html
por Ana María Shua
En el año 1969 ingresé a la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires. En el año 1969 cumplí dieciocho años. En el año 1969 se publicó, con arrasador éxito de público y concomitante desconfianza de la crítica, la novela Boquitas pintadas de Manuel Puig. En el año 69 la organización guerrillera Montoneros apareció por primera vez en los diarios con el secuestro de Aramburu. En el año 69 se produjo un violento levantamiento popular en las calles de Córdoba, violentamente reprimido por el gobierno militar: el Cordobazo. En el año 69 se inauguró una nueva etapa en la historia de nuestro país.No es posible escribir sobre el efecto devastador de la dictadura militar en todos los órdenes sin una referencia a los años de violencia que la precedieron. La acción de las organizaciones guerrilleras fue combatida por medios legales e ilegales. Bandas paramilitares actuaron contra la guerrilla pero también contra cualquier sospechoso de alentar ideas subversivas. Dentro del movimiento peronista, la izquierda y la derecha lucharon entre sí, matando militantes de ambos bandos. En 1972 la masacre de un grupo de presos políticos en la cárcel de Trelew por parte de las fuerzas de seguridad inauguró un nuevo estilo de represión: el asesinato masivo. En 1973, después de siete años de dictadura militar, volvimos a tener un gobierno civil. En ese año Perón asumió la Presidencia de la Nación, con su esposa Isabel como vicepresidenta. En el 74, a partir de la muerte del presidente, el gobierno quedó en manos de Isabel Perón, que gobernó con grave ineptitud, apoyada por el brujo José López Rega, en una situación de caos y violencia.Cuando en 1976 asumió la Junta Militar, el desgobierno de Isabelita había llegado a un grado intolerable. Así, la dictadura más feroz y sanguinaria de la historia del país entraba en escena con la aprobación de la mayor parte de la población civil. Desde la izquierda se alababan las ventajas de que diera la cara el verdadero enemigo, en lugar de escudarse detrás de una fachada democrática. Desde la derecha, se esperaba que el Proceso de Reorganización Nacional (como se llamó a sí misma la dictadura) así lo fuera. Para el grueso de la población, cualquier cambio despertaba esperanzas.Antes todavía, a fines de 1974, durante el gobierno constitucional de Isabel Perón y como prefacio a la indiscriminada represión que se iniciaría poco más de un año después, la Municipalidad de Buenos Aires prohibió cuatro libros de jóvenes autores nacionales. Eran La boca de la ballena de Hector Lastra, Territorios, de Marcelo Pichón Riviere, The Buenos Aires affair de Manuel Puig y Sólo ángeles de Enrique Medina.En marzo de 1976 asumió el general Videla la presidencia del país, como representante de la Junta Militar. El proyecto cultural de la dictadura fue el más claro y eficaz que se haya conocido jamás en la Argentina. Durante siete años se abocó a la sistemática destrucción de la cultura nacional. Además del terror que provocó la masacre represiva, con su correlato de autocensura, se actuó de modo particular en cada uno de los sectores del campo cultural.Las muertes y desapariciones provocaron el efecto deseado: el terror amordazó a la cultura, ahorrándole al gobierno muchas tareas específicas. De acuerdo con las estadísticas, un 70 % de las víctimas tenía menos de 35 años. Los poetas Miguel Angel Bustos, Roberto Santoro, Francisco Urondo, los narradores Haroldo Conti y Rodolfo Walsh fueron muertos o desaparecidos. Entre muchos otros, los escritores Antonio Di Benedetto y Daniel Moyano sufrieron arbitrarias detenciones.Muchos argentinos optaron por el exilio, entre ellos los escritores Antonio di Benedetto, Luisa Valenzuela, Héctor Tizón, Diana Raznovich, Daniel Moyano, Juan Gelman, Mempo Giardinelli, Ramón Plaza, Rodolfo Rabanal, Ana Basualdo,Juan Carlos Martini, Osvaldo Soriano, Silvia Molloy, Juan José Saer, Mario Trejo, Luisa Futoransky, Germán García, Tununa Mercado, Manuel Puig, Noé Jitrik, David Viñas, etc.Además de las prohibiciones directas de libros argentinos y extranjeros, se realizaron decomisos y quemas de libros, se labraron actas en librerías, se detuvo a dueños y vendedores, hubo allanamientos, clausuras y amenazas en editoriales, diarios y revistas, encarcelamiento o secuestro de sus responsables.No hay que dejarse engañar por ciertas prohibiciones aparentemente disparatadas o risibles: la censura actuó en forma eficiente y económica, como lo señaló el poeta y periodista Jorge Aulicino:"La censura fue un correlato de la guerra sucia. Fundada, desde luego, en una visión del mundo, no se equivocó al medir con excesiva puntillosidad la obscenidad de un texto o su poder disolvente. No importaba equivocarse con una obra o dos. Lo importante era convertir el hecho de escribir, pintar o filmar en un terreno peligroso. La censura fue también terrorismo de Estado. Se fundó en reglas tan paranoicas como las que regían para la represión ilegal. Prohibir las obras significaba una advertencia. La censura 'tiró al bulto' y por eso no se equivocó. Por eso no necesitó prohibirlo todo. El 'enemigo', que se suponía grande e incierto, recibiría los avisos. Y así fue. Obras completas de autores que no habían sido rozados por las prohibiciones bajaron de los estantes. Era mejor prevenir que dudar."Para expresarlo en palabras de Enrique Medina, uno de los autores argentinos más prohibidos: "En esos años los camiones del Ejército se paraban frente a las librerías y se llevaban centenares de volúmenes. Luego hacían verdaderos aquelarres quemándolos. Tenía razón Walt Whitman: el que toca a un libro toca a un hombre. Aquí, realmente, estaban quemándonos vivos".Es interesante consignar algunos de los considerandos que acompañaron a las prohibiciones. Un libro infantil de Elsa Borneman, Un elefante ocupa mucho espacio, fue prohibido porque contenía "...una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparativa a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo". Otro texto para niños, "La torre de cubos", de Laura Devetach, es acusado de "simbología confusa, cuestionamientos ideológicos y sociales, ilimitada fantasía" [sic]. En la provincia de Santa Fe se prohibe La tía Julia y el escribidor, de Vargas Llosa: "La obra revela en su contenido, distorsiones, intenciones maliciosas y ofensas reiteradas a la familia, religión, fuerzas armadas, y principios éticos y morales que sustentan las estructuras esprirituales e institucionales de la sociedad latinoamericana".El ministro de Educación, Dr. Llerena Amadeo, justificó así la prohibición de Neruda en todas las escuelas del país: "Todos conocen la ideología del autor, y sin desmerecer el valor literario de la obra, conviene que quienes la lean posean el criterio suficiente para discernir una cosa de la otra".Mucha gente, para protegerse, quemaba sus propias bibliotecas, o al menos los libros que suponía peligrosos. Mi marido y yo revisamos los estantes con desaliento y decidimos empezar por un libro de Vo Nguyen Giap sobre la guerra de Vietnam. En las novelas, los personajes arrojan los libros de los que quieren deshacerse a la chimenea y en un instante son devorados por las llamas. Nuestro departamento de tres ambientes no tenía chimenea y ya no existían los incineradores. Pusimos el libro abierto en la pileta de la cocina y acercamos inútilmente un fósforo al borde de las páginas. Como un árbol vivo, lleno de savia, el libro se resistía a encenderse. Se quemaba parte de una hoja y el fuego se apagaba. Finalmente prendió, echando un humo espeso. Tosíamos. Volaban residuos carbonizados. El lomo nunca alcanzó a quemarse bien del todo. El esfuerzo nos hizo reflexionar. No valía la pena quemar libros. Si entraban a buscarnos, no necesitaban grandes excusas, tener una biblioteca era ya lo bastante sospechoso. Se trataba de quemarlos todos o ninguno. Así sobrevivieron muchos libros, entre ellos mi Manifiesto comunista, que tanto trabajo me había dado conseguir durante la dictadura anterior, y otros que había comprado en Cuba en 1974, adonde viajé con mi familia para una exposición de la industria argentina en La Habana.Mis abuelos maternos llegaron de Polonia a la Argentina en los años 20. Tuvieron dos hijas, cada una de las cuales tuvo dos hijas. Entre 1976 y 1977 las cuatro nietas, las cuatro primas nos embarcamos nuevamente para el otro lado. Mis primas y mi hermana, que estaban más apuradas, eligieron navíos que surcaban el aire. Yo me fui a Francia en un barco, en el Eugenio C. Y soy la única que volvió al país.En cualquier lugar donde permanezca más de dos días empieza a crecer a mi alrededor, casi como si brotara de mi propio cuerpo, esa vegetación densa que me acompaña a todas partes y se reproduce de modo preocupante: un retoño más de mi biblioteca. En París podría haber elegido internarme en aquella literatura que en mi país se prohibía y sin embargo elegí, azarosamente, clásicos franceses de distintas épocas: Manon Lescaut de Prévost, las Memorias de Casanova, libros de Raymond Queneau... Otros argentinos profundizaban sus conocimientos de literatura mexicana, expañola, sueca...Nunca fui militante política y mi exilio duró poco. Al volver, en 1977, encontré las librerías muy cambiadas. La literatura argentina había perdido los canales de comunicación con sus lectores, que nunca volvieron a restablecerse. Sospechosa, acorralada, se había refugiado en el estante del fondo.
El best-seller internacional acaparaba las mesas de novedades, anticipando una tendencia que iba a definir el mercado editorial en los años siguientes. Como en el resto de nuestra Argentina, el neoliberalismo completó lo que había iniciado la dictadura.Los lectores de buena literatura seguimos leyendo. Las prohibiciones poco pueden contra nosotros. Ahora sabemos que Bradbury estaba equivocado: el marketing destruye más que el fuego.
Pero nosotros somos inmunes, incluso, a las listas de best-sellers: también allí sabemos descubrir, sin confundirnos, los libros que nos interesan. Nos reconocemos, nos gustamos. Intercambiamos señas. Nos prestamos libros que juramos jamás prestar. Intentamos seducir jóvenes para incorporarlos a nuestra secta. Como cualquier adicto, tenemos necesidad de hablar sobre nuestra adicción y compartirla. El que lee no escucha, no ve, no está, no le importa. Se incorpora al torrente de las letras, se deja llevar sin hundirse, feliz de participar en la corriente del más humano de los ríos, ese conjunto limitado de signos capaz de contener todos los universos posibles: el infinito, incorpóreo acontecer de la palabra escrita.
Lista de libros prohibidos durante la dictadura
Autores extranjeros
Lógica formal y lógica dialéctica, de Henri Lefevbre,
La tía Julia y el escribidor, de Mario Vargas Llosa
La muerte de la familia, de David Cooper,
Desde el jardín, de Jerzy Kosinsky
Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano,
Pantaleón y las visitadoras, de Mario Vargas Llosa.
Gracias por el fuego, de Mario Benedetti
Choripzus, de Rómulo Macció
Gramsci y la revolución de Occidente, de M. A. Macchiochi
Sociología de la explotación, de Pablo González Casaonva
El poder negro, de Stokeley Charmichael
El Mayo francés o el comunismo utópico, de Alain Touraine
El camino del hombre, de Julio César Urien
Los peores enemigos de nuestros pueblos, de Juan Beyer
Cuentos para chicos traviesos, de Jacques Prevert
España, el destape, de Ted Córdova Claure
El nacimiento, los niños y el amor, de Agnes Rosratischl
Introducción a la sociología, de Duilio Biancucci
Juegos a la hora de la siesta, de Roma Mahieu
Las edades Media y Contemporánea, de Juan Bustinza
La educación como práctica de la libertad, de Paulo Freire
Pedagogía del oprimido, de Paulo Freire
Acción cultural para la libertad, de Paulo Freire
Las iglesias, la educación y el proceso de liberación, de Paulo Freire
Concentización, teoría y práctica de la liberación, de Paulo Freire
El país de Minotauro, de Mariano Castex
Humanismo socialista, compilado por Erich Fromm
América Latina - Estudios y perspectivas, autores varios
Tradición, revuelta y conciencia de clase, de E. Thompson
Sexualidad y autoritarismo, de Frank Hinkelammert
Memorias de una cantante alemana, de Whilhelmine Schaoeder
La historia presente, Centro Editor de América Latina
Las noches del paraíso, de Dominique Marion
Venus en la India, de Charles Devereaux
Los problemas sexuales y sus soluciones, de S. Jacobson
Veneno en las ondas, de Irivin Shaw
Flash en Roma, de Daib Flash
El marxismo y la historia, de Pierre Philips Reym
América Latina, nacionalismo, democracia y revolución, de V.Chertjin
Dossier Wallon Piaget, de Claude Gianet
La ideología alemana, de Marx y Engels
La acumulación de los países capitalistas subdesarrollados, de C. Benetti
Isadora emprende el vuelo, de Erica Jong
Almanaque Mundial 1979Universitas-Gran Enciclopedia del saberCuba, nuestra América, y los Estados Unidos, de José Martí.
Marcuse polémico, de Erich Fromm
Dios y el Estado y la Libertad, de Bakunin
La madre, de Máximo Gorki
La Sagrada Familia, de Karl Marx
Adúlteros felices, de Ellen Roddick
Un marido,¿para qué?, de Norma Klein
Un médico en la noche, de Jacques y Francois Gall
Destinos, de Peter y Denne Bart
Enciclopedia Salvat-DiccionarioEl Uruguay, la política internacional del Río de la Plata, de Eduardo V. Haddo
1001 sueños eróticos, de Graham Green
Los romanos, de R. H. Barrou
Diagnóstico de nuestro tiempo, de Karl Mannheim
Viajando con los Rolling Stones, de Robert Greenfield
Sobre la teoría de la planificación socialista, de J. G. ZielinskyAutores nacionales
Nuestros muchachos, de Alvaro Yunque
Para hacer el amor en los parques, de Nicolás Casullo
Guía de pecadores, de Eduardo Gudiño Kieffer
Buenas noches, profesor, de Alina Diaconú
Don Abdel Zalim, de Jorge AsísT
res autores prohibidos, de Jaime Rest
Persona, de Nira Etchenique
The Buenos Aires affair, de Manuel Puig
Territorios, de Marcelo Pichón Riviere
Los reos, de Federico Moreyra
Memorial de los infiernos, de Julio Ardiles Gray
El homosexual y su liberación, de Gustavo Weinberg
La sartén por el mango, de Javier Portales
Olimpo, de Blas Matamoro
Estudio sobre los orígenes del peronismo,de J. C. Portantiero
Ganarse la muerte, de Griselda Gambaro
Mascaró, el cazador americano, de Haroldo Conti
Reflexiones sobre el terrorismo, de Fernando Nadra
Un elefante ocupa mucho espacio, de Isabel Borneman
Niños de hoy, de Alvaro Yunque
Cuentos premiados concurso Premio Marechal
El fracaso y el desinterés escolar en la escuela primaria, de Liliana Lurcat
Poesía política y combativa argentina, de Andrés Sorel
La torre de cubos, de Laura Devetach
El amor sigue siendo niño, de Alvaro Yunque
Dios es fiel, de Betariz Casiello
El frasquito, de Luis Gusmán
Féiguele, de Cecilia Absatz
Cómo levantar minas, de Oberdán RocamoraRubita, de Javier Torre
Visita, francesa y completo, de Eduardo Perrone
Perros de la noche, de Enrique Medina
El Duke, de Enrique Medina
La vida es un tango, de Copi
La vida entera, de Juan Carlos MartiniMacoco, de Juan Carlos Martini
Argentina 1975-1975, de Sergio Bagú
De Sarmiento a Cortázar, de David Viñas
De la economía social justicialista al régimen liberal, de A. Cafiero Neocapitalismo y comunicación de masas, de Heriberto Muraro
La dominación imperialista en Argentina, de Carlos M. Vila
Montoneros y caudillos en la historia argentina,
de García Mellid
Bases históricas de la doctrina nacional, de Astesano
Santa Cruz, realidad y futuro, de Horacio Lafuente
Metal del diablo,
El Presidente Colgado, de Augusto Céspedes
Los derechos constitucionales del trabajador, de Daniel Rudi
La misión Ponsonby, de Luis Alberto Herrera
La boca de la ballena, de Héctor Lastra
http://www.ciudaddearena.org/index.html
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
